El paso del tiempo es incontrolable, a veces el tiempo pasa tan deprisa que no nos damos ni cuenta, otras veces tan despacio que parece que todo lo que nos rodea se ha quedado paralizado.
Aún así, el tiempo sigue su camino, no se detiene por nada ni por nadie.
El tiempo varia en el tiempo avanzando, y con el, varia las circunstancias.
Al igual que en antaño iluminábamos la oscuridad con los tenues luces de unas velas, hoy en día existe electricidad y con ello unas bombillas, las cosas varían.
El fluir del tiempo hace variar las circunstancias, y con ello varia el mundo.
No es la misma percepción del mundo de hace 1000 años que hoy en día, hoy sabemos que el mundo no es el centro del universo, que la tierra es una esfera…
El budismo no tiene porque ser igual que hace 1000 años, la esencia no varia, pero hay que saber interpretar el budismo según el tiempo en que vivimos.
Quizás algunos dirán que hay que seguir a rajatabla las enseñanzas de Buda, en parte quizás tengan razón.
Pero si el pensamiento no fluye y se queda con el pensamiento de hace siglos, el fluir de tu pensamiento se ha quedado estancado.
“El agua estancada se pudre, pero el agua que fluye no pudre”, en actualidad, vivimos en una era que nos exige vivir a toda prisa, acorde con el avance del tiempo.
Existen nuevas ideas, los tabúes de antaño ya no son tabúes, el budismo debe de ser interpretado acorde a la sociedad actual.
No por ello digo que el budismo de antaño e interpretaciones de épocas anteriores sean inválidos, son totalmente válidos.
Pero habrá ciertas cosas que se puedan interpretar mejor, y entenderlas mejor.
Dar nuevo significado e interpretaciones al budismo no es modificar o hacer arreglos en el budismo ya existente, sino es y solo es para entender mejor.
Para que las palabras y enseñanzas de budismo ayuden a mejorar el “yo interior” y crecer como persona.
El tiempo fluye, deja que tu pensamiento fluya y se completo.














